Javier Ortiz
Alejándonos del momento presente y observando con percepción más histórica que de actualidad, lo que más que esfuerzos en realidad son pataleos del partido político Republicano de Estados Unidos por encontrarse a sí mismo a través de la búsqueda de las raíces de su total incomprensión sobre el porqué se encuentra de pronto al márgen de la nueva composición de la nación norteamericana, pudieramos sembrar para nuestro propio beneficio, una semilla de análisis propio e individual, que sin duda alguna nos proporcionará elementos para llegar a entender la profundidad y dificultad de eliminación o cambio, de las fuertes matices de ideología, ignorancia, racismo velado pero presente, resistencia, aislamiento mental, sorpresa y carencia de visión integral y solidaridad genuina que caracterizan y marcan lo que antes fue diversidad de colorido de la sociedad norteamericana.
El manejo que esta sociedad le da a los temas de las armas, la inmigración legal e ilegal, el permitir pero a la vez prohibir el uso de drogas y narcóticos, el abismo entre los legisladores y los ciudadanos permitido por estos últimos y abusado por los primeros, la obvia estrategia de gobierno de los presidentes de la nación, de cualquiera de los dos partidos que han llegado a ese puesto por nadar de muertitos en su primer período de gobierno y vanamente intentar la estructuración de un ‘legado’ casi siempre inexistente e insustentable – por vacío y cortoplazero- en el segundo al lograr la reelección, la desproporcionada intervención de la fuerza financiera en los asuntos de gobierno, legislación y justicia por medio de los cabilderos y en los asuntos electorales por medio de los PACs y las evasiones ‘legales’ a las desmedidas contribuciones a los políticos, constituyen muestras claras y presentes de que no solo el partido Republicano sino la nación entera trae en estos momentos de su historia, la brújula perdída.
Oculto en este ventarrón de deseos de buena y mala fe por ‘redescubrise’y ‘reentenderse’ que al mundo entero le manifiesta el sector político de la sociedad en los Estados Unidos se encuentra la ruta de los ciudadanos norteamericanos de orígen hispano.
La disyuntiva frente a ellos estriba por un lado en dejarse ‘esclavizar’ como propiedad exclusiva de un partido Demócrata que les promete igualdad y proporcionalidad pero que a la vez les deporta cantidades sin precedente de residentes ilegales que dejan innumberables familias rotas, separadas y a la deriva.
Por el otro, la disyuntiva ofrece la tentación y el llamado de las sirenas provinientes del partido Republicano que buscan atraer a los hispanos única y exclusivamente por razones electoreras sin ofrecer tan siquiera apapachos y remedos de acceso a contribuir en la modernización y cambio de los principios políticos, de la ideología, de las plataformas, de la conducción y operación del partido y del desborde de estos elementos políticos hacia la sociedad en general a través de la instrumentación de acciones de gobierno que reflejen el pensar, el sentir y la forma de ser de la pátina hispana de la sociedad, no como hispanos por separación, sino como auténticos ciudadanos norteamericanos de sangre iberoamericana.
En particular los ciudadanos hispano-norteamericanos de orígen mexicano que en mucho se vieron obligados en ésta o en anteriores generaciones a emigrar en mucho contra su voluntad por verse etiquetados políticamente como propiedad del partido político PRI, saben de los riesgos implícitos que acarrea el ser carne cautiva de ánfora electoral.
La dispersión y la distribución demográficamente proporcional de los ciudadanos norteamericanos de órigen iberoamericano en todos los partidos políticos de los Estados Unidos y en el sector políticamente independiente y la participación activa, pensante y ejecutiva en los procesos políticos y de gobierno de sus miembros, constituyen la mejor contribución que los ciudadanos de orígen hispano pueden hacer a su país.
